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viernes, 18 de septiembre de 2009

TRAZOS EN LA ARENA...(cuento )


El rumor de las olas la encontró jugando con trazos húmedos , mensajes de amor llevados por el mar...
Era inmensamente feliz.
Analía se lo contaba al viento salobre,que agitaba su falda audazmente,como el amante que le desvelaba sus sueños...

Mujer y playa se mimetizaban en un solo canto;en una sola palabra : Amor...
El sol del estío acariciaba con sus rayos cómplices su vastedad de mujer.Ella sabía que Fidel volvería a sus brazos,por eso su dedicación de todos los días,el mismo ritual de siempre...escribir su nombre en la arena y esperar.
Esperar...esperar a que en el horizonte apareciera recortada la figura de aquel barco que le traería nuevamente la dicha postergada,tantas veces anunciada...tantas veces reclamada.
Pasó el verano seguido por un otoño sereno y,luego llegó el implacable invierno a la costa donde aguardaba Analía.
Sus trazos seguían firmes como una letanía escrita con voz de arena...
La primavera arrebujada en sus mejillas, la encontró deseosa de que ya, su amado Fidel llegara;
y así sucedió...
Esa mágica mañana los dos se confundieron en un abrazo eterno,firme y cálido.
El amor inundó el cuarto durante los días que precedieron a la llegada de Fidel;el delicioso aroma del encuentro unió sus carnes en un canto de promesas mutuas...
Nuevamente, llego el momento de la despedida temporal para ambos.
El ulular de la sirena del barco,anunció la partida del enamorado;otra vez volverían las esperas para Analía,pero ahora,ya no sería un alma sola la que velaría por el regreso...
Secretamente en su interior ,una vida nueva iba creciendo hasta la próxima llegada del hombre.
Sus trazos en la arena se convertirian en nombres y canción de cuna.
Ahora si,hasta el nuevo encuentro, una partecita de Fidel crecía y soñaba junto a ella...

DOBLE RENDICIÓN...(cuento )

Ráudamente ,las manos recorrieron el contorno sensual de la roja boca;agitados espamos dejaron entrever los movimientos de la femenina curva de su vientre, y el placer hizo explosión en un derroche de gemidos...
Y ya todo fue una fiesta para los sentidos: el hombre sabíase amo y conductor de las mejores vibraciones que regalaba a su mujer.
Ella, rendida al influjo varonil,no opuso resistencia,y se dejó ir...
Ya no concebía su vida sin la gallarda estampa,sin la presencia del que le hizo sentir la plenitud de ser mujer.
No podía perderlo...no debía permitir que otra vez él se marchara por alguna tontería suya; era demasiado importante en su vida y no podía esta vez,alejarlo.
Debía de todas formas,conservar el aplomo, la calma y no cometer errores de los que después...pudiera arrepentirse.
De ahora en más,sería su esclava sexual; desde los más intrascendente pedidos a los mas osados requerimientos que el hombre le propusiera,ella,accedería a todo.
Ya no sería ella,no tendrían poder sus pensamientos;haría todo por complacerlo, con tal de retener para sí, a ese ser que la envolvía en un manto de sensual voluptuosidad...

Fue pasando el tiempo ; ella se fue desdibujando en su identidad;y perdiendo interés para él, en todos los aspectos.
Esto la hizo volverse fría, ausente e insensible.
Las noches , y los días se hicieron una misma cosa,perdió la noción del tiempo,el espacio y de su persona...
El abandono la hostigaba a cada momento;sus silencios la volvieron autómata; la mirada,antes llena de dulce candor ahora se mostraba opaca y distante.
Nuevamente cayó rendida,pero esta vez no opuso resistencia...
Subió los nueve pisos que la llevaban a su departamento,en trance,casi como impelida por una órden invisible.
Vestigios de sus cabellos quedaron anónimamente prendidos del barandal del balcón.
Y esta vez, pero ya para siempre... se dejó ir.